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A Torrebaja se accede desde Ademuz mediante la N-330 en dirección a Teruel, encontrándose a unos siete kilómetros de distancia.
El término municipal de Torrebaja -de apenas 2,8 km2- se halla situado en la zona centro-norte de la comarca del Rincón de Ademuz. Su altitud media es de más de 700 metros sobre el nivel del mar y su orografía es relativamente poco accidentada, debido a su escueto término y a que se halla en el valle del Turia; aunque está rodeada de altas montañas, especialmente por el este, limitándole su alto horizonte las estribaciones de Javalambre y la Sierra de Tortajada, con los Algezares y los Molares (1.077m.) como cumbres máximas, aunque ya fuera de su término. Se halla confinado su territorio entre el de Ademuz (que le rodea por el noreste y sur) y el de Castielfabib (que le rodea por el norte y oeste). Su clima es continental mediterráneo: con veranos cortos y calurosos, deliciosos otoños, largos inviernos -suavizados por el microclima del ameno valle del Turia- y cortas y frescas primaveras. La población de Torrebaja -con apenas medio millar de habitantes- se halla situada al pie de un humilde cerrillo arcilloso, abocada a la confluencia del Turia con el Ebrón, su principal afluente en la zona, que le rinde sus aguas en la partida de las Ajuntas por su margen derecho. La CN-420 atraviesa su casco urbano, a la altura del punto kilométrico 509, mientras que la 330 -en su nuevo trazado alternativo desde Manzaneruela (Cuenca) a Torrebaja-, pasa frente a la localidad, por la ladera de los montes que conforman la ribera izquierda del Turia. La agricultura, que fue la principal fuente de ingresos -desde tiempos históricos y hasta tiempos recientes-, se halla actualmente en franca recesión: posee una hermosa huerta de regadío y una compleja red de acequias, pero sus tierras están improductivas en un amplio porcentaje de su término, pendientes de una nueva reorganización de la propiedad -debido al elevado índice de parcelación de las propiedades-; y a la espera de orientar su producción hacia algún cultivo específico que sea apropiado al clima y condiciones generales de la zona. La ganadería es escasa: repartiéndose entre tres familias que se dedican al pastoreo, compatibilizando su labor con otras faenas agrícolas. Existe una empresa familiar de muebles y servicios de hostelería y restauración, así como taller de reparación de vehículos a motor, y un complejo polideportivo de pistas y piscinas, con servicio de restauración estacional, tiendas (supermercado y ultramarinos), cerrajería, fábrica de embutidos, carnicería, panadería y farmacia. Torrebaja fue fundado a principios del siglo XVII, tras la expulsión de los moriscos de España (1609-1614), reinando Felipe III. Su término municipal se superpone al del mayorazgo que fundara don Diego Ruiz de Castilblanque, su primer señor, en tierras de la jurisdicción de Castielfabib. Diversos acontecimientos políticos -sucedidos a lo largo del complejo s. XIX- cambiaron la configuración de nuestro pueblo: en 1808, mediante el Decreto de Chamartín, se abolieron los señoríos y mayorazgos. Ley que en Valencia no se comenzó a aplicar hasta octubre de 1811. Otro acontecimiento de gran interés para nuestro pueblo se produjo en 1841 -siendo Regente la reina María Cristina-, que ordenó la disolución de los ayuntamientos de menos de 30 vecinos, debiendo adherirse estos al que tuvieran más próximo: en esta situación se hallaba Torrealta, por lo que tuvo que pasar a depender del de Torrebaja desde esta fecha. La Ley de Desamortización de 1854 -reinando ya Isabel II- supuso para Torrebaja uno de los mayores acontecimientos de su historia como pueblo, pues en virtud de esta promulgación, doña Juana Casaus de Castilblanque, a la sazón dueña y señora de Torrebaja, procedió a la liquidación de su patrimonio en la localidad entre sus renteros y colonos: esto sucedía el 23 de enero de 1856. De hecho, a partir de la fecha señera -según podemos ver por los documentos eclesiásticos locales-, la población de Torrebaja va a sufrir un importante crecimiento vegetativo: las tierras y las casas, en virtud de las facilidades dadas por la de Castilblanque a sus colonos, van a ser a partir de este momento propiedad de los inmigrantes y cultivadores. De tal forma que un espíritu emprendedor, rebosante de esperanza e ilusión, se apoderó de aquellas familias, que vieron definitivamente a esta parte del valle del Turia -en el Rincón de Ademuz- como su definitivo lugar. Torrebaja posee un núcleo de población aparte del principal: TORREALTA, la antigua Torre Somera de los textos medievales, con apenas una treintena de habitantes, incluidos en el censo de Torrebaja. Se halla situado en la ribera izquierda del río Turia, frente al punto kilométrico 270,5 de la CN-330 y dando la espalda a la rambla de Riodeva, cuyo cauce parte término por Libros, entre Teruel y el Rincón de Ademuz, por Valencia. Se accede a él desde la carretera nacional, a través de un puente de sólida estructura que atraviesa el Turia frente a la localidad. Tiene una sola calle, que llaman del Remedio: en la parte media -por donde se sube al cementerio de esta población-, se halla la iglesia parroquial de Santa Ana. Esta tiene una fachada de piedra tallada y arco de dovelas enmarcando una puerta forrada de zinc y claveteada, y una espadaña, también de piedra, con dos ojos con sus campaniles. Frente a la portada del templo se hallaba un hermoso olmo de bronco tronco, hoy lamentablemente desaparecido.
El presbiterio de la parroquial de Torrealta poseía un bello retablo del siglo XVI, perdido en la vorágine incendiaria de la última guerra civil. Destaca de su interior un escudo que hay en la bóveda del templo, que debió pertenecer a alguno de los señores del lugar. Consta de un solo cuartel, cruzado por tres barras horizontales, con una estrella de plata en el centro. Al final de dicha calle, junto a la plaza del lugar, se alza la imponente casa solariega, con su bellísimo torreón, que perteneció a los Garcés de Marcilla y barones de Andilla.
Bajo la advocación de Santa Marina de Jerusalén, se halla en la confluencia de la calle del Rosario y la plaza de la iglesia (o del Rincón) y la plazuela del rey don Jaime el Conquistador, conocida popularmente como la Replaceta.
Es un hermoso templo de reciente construcción, cuya primera piedra se puso en 1954. Su fábrica es de ladrillo sin revestir y cantería, con una esbelta torre-campanario del mismo material y basamento de piedra caliza tallada. Su tejado de teja árabe es a dos aguas, recayente sobre los tejadillos separados por contrafuertes de las capillas laterales. El interior es amplio y luminoso, con tres naves: una central y dos laterales, que dan cabida a diversas capillas adyacentes. Posee un atrio interior, cubierto por el coro: a este se accede por las escalerillas interiores de la torre-campanario. Destaca del interior su artesonado de escayola figurando madera y las líneas rectas de su arquitectura, con finos ventanales en los laterales y un presbiterio desnudo, a cuyos lados se hallan la sacristía y una capilla dedicada al Sagrario. Este nuevo templo sustituyó a otro anterior, construido entre 1678 y 1686, y que se alzaba sobre el mismo solar del actual. Su tamaño era menor y tenía otra orientación: de este a oeste. Hubo que demolerlo a consecuencia de los daños que sufriera su estructura a causa de los bombardeos que padeció la población de Torrebaja durante la última guerra civil (1936-39); y también, a causa de los refugios antiaéreos que se construyeron en su subsuelo, que propiciaron el corrimiento de tierra que agrietó los muros, bóvedas y basamentos.
En el municipio de Torrebaja existen dos ermitas, de las que tenemos noticias documentales desde la primera mitad del siglo XVII. La Ermita de San Roque, que se halla en la parte alta del pueblo, dominando todo el caserío y la hermosa vega del Turia a su paso por el municipio. El ermitorio está rodeado de humildes edificios de piedra arenisca y paredes de tapial, que fueron antiguas cambrillas, bodegas y lagares, y hoy se hallan abandonados y hundidos.
Tiene la ermita un bello porche cubierto a la entrada, a base de unos gruesos paredones sujetando el tejadillo mediante una gruesa viga con zapatas. Su techumbre es de tabicas y el piso de cemento (en el que se dibuja una cruz a base de piedrecillas), bordeado por un poyo corrido a ambos lados de la entrada. La puerta es de madera, con dos hojas, portando cada una un ventanuco rejado, y toda ella enmarcada por un arco de formalete a base de dovelas, que parten de dos impostas, a modo de humildes capiteles. La planta de la ermita es rectangular, con piso de terrazo moderno, en sustitución de los bellos ladrillos de barro cocido que tuvo antaño. Destaca del interior los escasos restos de pinturas murales: cornisas, ménsulas, arcos y bóvedas de cañón con lunetos, etc., formando lo que fuera un conjunto neoclásico. Lo más llamativo es el escudo de los Castellblanque, que se halla en el frontón, y que el Ayuntamiento de Torrebaja adoptó como propio en 1953. Dicho escudo se compone de cuatro cuarteles, a base de cinco castillos amarillos en campo de gules alternado con lises; un leopardo coronado y vuelto, sobre azur; un caballo blanco enjaezado, ensillado y vuelto, sobre fondo azul: todo ello rematado por una corona de marquesado abierta. La parte alta del edificio posee una sencilla espadaña de piedra, con su ojo vacío de campanil, y coronada por una sencilla cruz de hierro. La Ermita de San José se halla en los Villares, partida del término municipal de Torrebaja cuya historia se halla ligada a un antiguo asentamiento humano -pendiente de estudio arqueológico adecuado-, que tenía por nombre Torre del Villar de Orcheta.
A la ermita se accede desde la población siguiendo el camino que cruza el Ebrón a la altura del complejo polideportivo y Merendero La Ribera, y siguiendo en dirección sur: dicho camino es el antiguo camino de Ademuz a Teruel, que era parte del viejo camino real o nacional de Alicante y Murcia a Francia por Zaragoza. Siguiendo dicho camino, cuando este deja las huertas para arrimarse al pie del monte, encontraremos un edificio molinero (1887), actualmente en desuso. Tras un corto repecho, entre el paredón que sujeta los huertos abancalados que bajan del monte y la acequia del molino harinero, llegaremos al ermitorio de San José. Frente al mismo hallaremos un singular banco circular, a base de ladrillo cocido y ladrillos cerámicos troceados en su asiento, en cuyo interior crece un castaño que promete ser frondoso: nos sentamos en el banco y contemplamos a placer la ermita. De la construcción nos llama la atención su estructura achaparrada, con unos contrafuertes laterales que acrecientan el aspecto amazacotado del conjunto. Su tejado de teja árabe vierte a cuatro aguas y se halla coronado en su parte más alta por una humilde espadaña de ladrillo con su campanil. La construcción, de hecho, está formada por dos elementos: el porche de entrada, que es la parte más llamativa del conjunto, y el ermitorio propiamente, que se halla detrás y en un plano más elevado. El porche está cubierto por un tejadillo que vierte a tres aguas: en su portada se abre la entrada abierta, formada a base de un arco de formalete, con unas gruesas paredes laterales, en las que se abren dos vanos arqueados a modo de ventanas. Al entrar en el atrio -cubierto por rodillos de chopo sin desbastar y sujetando el cañizo del tejado- nos topamos con una escalera, cuyos peldaños restaurados nos conducen al edificio propio de la ermita. Al ermitorio, propiamente, se accede por una puerta de doble hoja, que posee cada una su ventana rejada, entre cuyos hierros siempre suelen haber ramitos de flores silvestres, a modo de oraciones ofrecidas por los caminantes y devotos del santo José. El interior de la ermita es oscuro y casi sombrío (debido a que tan solo la iluminan dos altos ventanucos rejados y la luz de las ventanas de la puerta), de base rectangular, con suelo de reciente reposición, así como los zócalos de los laterales. Las pinturas murales que antaño adornaban sus paredes han desaparecido casi completamente y apenas quedan en el recuerdo los sillares de un muro almohadillado, expresión de un rústico neoclásico. Lo más curioso de nuestra humilde ermita es el envigado del techo: a base de una traviesa en su centro y diversos cuchillos de madera sin tornapuntas, con pendolón en el medio y el tirante recto. Entre la viguería perpendicular se hallan las tabicas de madera sujetando la techumbre: todo ello en madera pintada de color marrón oscuro. Las vigas que conforman el ángulo del techo parten de la central y reposan en las esquinas, componiendo una estructura triangular entre sencilla y austera, pero recia. Existen en el término diversos casilicios: que son unos pilares de obra, con hornacina en lo alto, a modo de capillita para ubicar al santo, y cubierta de tejadillo. El Casilicio de San Antonio de Padua: junto al río Ebrón, en la antigua entrada del pueblo, por donde el primitivo camino de Ademuz a Teruel vadeaba el río al entrar en la localidad. El Casilicio de San Antonio Abad: frente a las Casas de la Venta, al pie del mismo camino de Ademuz a Teruel. Y el Casilicio de la Virgen del Pilar: poco más adelante del anterior, justo en el cruce de caminos de la bajada de la cuesta del Pasillo (que es camino de la Mesta) y el que venimos mencionando, de Ademuz a Teruel.
El edificio más emblemático de Torrebaja es el llamado de los Picos, que es un torreón cuadrangular coronado por estructuras boladas y en forma piramidal -típicas de muchos edificios civiles y religiosos del s. XVII-, que reposan sobre las cornisas altas del mismo y que le dan un aspecto singular.
Dicho torreón se halla sobre el viejo camino de Ademuz a Teruel, asomado al Rento, partida que conforma la vega del Turia a su paso por el término. Está adosado a un antiguo caserón, que fue solar de los Ruiz de Castilblanque y barones de Andilla, frente a la plaza del Ayuntamiento y Casa onsistorial del lugar, de moderna fábrica. El torreón de los Picos tenía una función más de ornamento y expresión del orgullo aristocrático del señor del Mayorazgo que la construyó, que de combate o defensiva.
Destacan los solanares en algunas casas antiguas, que son balconcillos con reja o barandado de madera o hierro, abiertos al sol poniente, generalmente, en la parte alta de la casa: bajo el tejado y formando parte de la cambra. Su utilidad se cifra en ser secadero natural de diversos productos del campo. Destacan en la localidad, asimismo, algunos edificios modernistas sencillos, con bellas muestras de aquel estilo -principios del siglo XX-, con adornos cerámicos y miradores en sus fachadas, que pueden verse en la calle del Rosario y San Roque.
Posee Torrebaja dos puentes sobre el Turia: uno en la partida de La Palanca y otro en Guerrero: ambos de madera traviesa, en mal estado, y con machón central de piedra y cemento el segundo. Posee otros dos sobre el Ebrón: uno para vadear el río frente al Merendero de la Ribera y Polideportivo municipal, de 1956, y otro en la Presa, más reciente, ambos de moderna estructura.
Posee dos en su término: el viejo Molino del Mayorazgo, frente al puente de Guerrero -junto al Turia- que aprovechaba las aguas de la presa del Ebrón para mover sus piedras, hoy mudas y silenciosas; y otro más reciente, el Molino de San José (1887), junto al camino viejo de Ademuz a Teruel y ermita de San José, que utilizaba las mismas aguas que el de Abajo.
Posee el yacimiento de los Villares, en donde se asentaba el antiguo poblado de Torre del Villar de Orcheta: se halla reseñado por la Consellería de Cultura de la Generalitat Valenciana, pero no está excavado científicamente. Se supone que pudo ser un primitivo asentamiento ibero, reutilizado posteriormente, según el tipo de enterramientos (a base de vasijas de cerámica oscura con huesecillos triturados y calcinados dentro), y otros restos cerámicos que han aparecido por la zona. PARAJES NATURALES Y DE INTERÉS
El escueto término municipal de Torrebaja hace que no disponga de especiales zonas de interés paisajístico y medioambiental: no obstante, existe el mirador de la Replaceta (o Rey don Jaime el Conquistador), frente a la fachada de levante de la Iglesia parroquial de la localidad, que constituye un bello panorama, digno de contemplarse con detenimiento. El mismo cuadro se aprecia desde un precioso banco de obra -de doble respaldo, y con cobertura de ladrillos troceados- que se halla en la fachada de levante de la Casa Consistorial: el Rento, que es la exuberante vega de Torrebaja, extendida desde la misma base de la población hasta la ribera derecha del Turia, el Otro Lado, que es la ribera izquierda del río hasta el pie del monte, que asciende en un boscaje creciente de pinos de repoblación (1959) por las laderas de la Dehesa: una finca de 517 hectáreas, propiedad del Ayuntamiento de Torrebaja, enclavada en el término municipal de Ademuz. Las tierras rojizas de las areniscas terciarias que asoman por la falda del monte se van convirtiendo en parduscas y blanquecinas conforme asciende la pendiente, hasta las crestas peladas de los montes fronteros -Algezares y Molares- que nos cierran el horizonte por el levante, recortando el límpido cielo azul que nos cubre. No obstante, el punto estratégico para contemplar a placer y gozosamente nuestro pequeño término municipal, y el lugar de mayor valor medioambiental (aunque ya fuera del término) es desde el puntal de los Molares: a este punto accederemos cruzando el Turia por el puente de Guerrero y encaminándonos al barranco del Charcal, por donde la Umbría de Sagra. Seguimos el camino ascendente, entre pinares y labradas de almendros, sin dejar la vereda, hasta llegar a la cima del monte. Después, cruzando en sentido de poniente, alcanzaremos el mismo pico mocho del monte, hasta asomarnos a la planicie del valle del Turia. Desde nuestra alta atalaya la vista es excepcionalmente bella: el caserío de Torrebaja centra nuestro cuadro, atravesado por la carretera, entre la Veintena y el cruce de Ambos Ríos. El Turia que viene del norte, marcando su paso por la serpenteante sombra verdioscura de los chopos y sauces de la ribera, dejando atrás los poblados de Mas de Jacinto y Mas de los Mudos (Castielfabib), quedando Torrealta en el centro. El Ebrón viene de poniente, siguiendo el curso del valle, desde Castielfabib y su aldea de Los Santos, cuyos poblados se divisan en la lejanía de nuestro cuadro. Siguiendo el curso del Turia vemos entrar su cauce por entre la frondosa vega de Ademuz, dejando a ambos márgenes el caserío de Mas del Soto y Guerrero, hasta llegar a los pies del Pico Castro (897 m) -tras cuya mole se esconde la Villa de Ademuz-, con su caserío descorriéndose por la vertiente rápida del cerro de los Azafranares hasta las mismas riberas del río. El horizonte nos lo cierra, a nuestras espaldas, que es levante, la loma del Romance (1.210 m), en el término de Ademuz y su aldea de Mas del Olmo. A nuestro frente, el confín de nuestra panorámica se recorta contra el azul lejano de los montes por los picudos cerros del Rodeno, en las estribaciones de la serranía de Albarracín y los montes Universales, con la Cruz de los Tres Reinos (1.560 m) marcando el límite de nuestra comarca, y continuando hacia el sur por la sierra de Santerón, ya en tierras de Cuenca.
Posee Torrebaja dos ríos: el Turia, que recorre su término de norte a sur -en el mismo sentido que corta la comarca-, procedente de Libros (Teruel) y camino de Valencia, por tierras de Santa Cruz de Moya (Cuenca). En su término, y partida de las Ajuntas, le rinde las aguas el río Ebrón, su principal afluente en la comarca del Rincón de Ademuz, procedente de Tormón y El Cuervo (Teruel).
Existe la Fuente de los Pobres, a la salida de la población, junto al camino viejo de Ademuz a Teruel: su nombre le viene de que en sus inmediaciones existió un antiguo edificio municipal (hoy desaparecido), destinado a albergue, que era utilizado por los pobres y transeúntes que pasaban por dicho camino. Suministra agua no clorada. En el mismo camino, frente a las Casas de la Venta, existía otra fuente de agua no clorada, hoy desaparecida, que servía de abastecimiento al grupo de casas de dicho núcleo de población, así como a los caminantes y labradores del término. La Fuente de la Estrella, de ese nombre por tener figurado en la frontera de la fuente una estrella, con cantos y cerámica, sobre el abrevadero. Se halla en la calle de sobre las Escuelas Públicas de la localidad y servía antaño de abastecimiento de agua a ese barrio del pueblo que da al río Ebrón. Es agua no clorada. Distribuidas por el casco urbano de la localidad existen diversas fuentes de hierro colado, que suministran agua potable de la red de abastecimiento público a los vecinos y visitantes.
La Loma del Montecillo: que constituye un bosquecillo de pinos de repoblación y monte bajo degradado, en la ladera noreste de dicha loma, frente a la localidad de Torrebaja y sobre la partida de los Albares.
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